sábado, 6 de junio de 2009

CONTAR CON IMÁGENES

Decía Alfred Hitchcock que el buen cine cuenta las cosas mediante imágenes, mientras que el malo se limita a mostrar “cabezas parlantes”. Parece que a Sir Alfred no le gustaban los guionistas que se empeñan en que sus personajes se pasen todo el rato hablando y explicando la historia. Y es que, mucha veces, un pequeño detalle visual puede decirlo todo con una fuerza que, difícilmente, puede ser igualada por ningún diálogo. ¿Cómo nos hacemos mejor una “imagen” de la forma de ser de un personaje: ¿oyendo a alguien decir de él que es violento, o mostrándolo provocando una pelea por una tontería? En Death Proof (2007) una chica se pasa minutos describiendo las increíbles aptitudes atléticas de una de las protagonistas. ¿No le hubiera resultado mejor a Tarantino añadir un plano de ese personaje haciendo unas espectaculares cabriolas? Simple, pero unos segundos hubieran bastado para que los espectadores conociéramos de forma mucho más eficaz y expresiva las habilidades de la chica.

Veamos un ejemplo en el que Hitchcock intenta que los espectadores sepamos lo que está pasando dentro de la mente de dos personajes sin que expresen nada de ello verbalmente. Sabotage (1936). El hermano pequeño de la protagonista ha muerto por llevar con él una bomba que iba a colocar su marido terrorista. El hombre intenta convencer a su mujer de que todo ha sido un terrible accidente. Tras todo tipo de explicaciones y disculpas, la pareja empieza a comer.

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El Padrino (minuto 01:04:30). Michael y el panadero están en la entrada del hospital haciéndose pasar por guardaespaldas para evitar que asesinen a Don Corleone. El panadero es incapaz de encender un mechero porque sus manos tiemblan de forma incontrolada. Michael, con pulso de hierro, coge el encendedor y lo prende. Con este pequeño detalle visual, Coppola nos transmite la sangre fría que caracteriza la personalidad de Michael. ¿No es más expresivo y cinematográfico que mil palabras?

Hay escritores que recomiendan mantener la disciplina de hacer primero un guión visual en el que se entienda todo lo que pasa en la historia (absolutamente todo). Únicamente ya terminado este trabajo, es cuando se deberían añadir los “maravillosos” diálogos de los personajes. Evidentemente, son estos mismos guionistas los que odian las típicas voces en off; ya que consideran que son un recurso fácil e inaceptable. No me refiero a las voces en off que aportan riqueza a la narración (como, por ejemplo, la de Woody Allen en Annie Hall); sino a las que se añaden porque el guionista ha sido incapaz de encontrar una forma visual con la que contar la trama. Si alguien no está muy convencido de ello, le recomiendo que vea la película The Naked Witch (1961). Podrá comprobar hasta que punto puede molestar que una voz en off se dedique a explicarlo todo, como si el espectador fuera un tonto incapaz de entender las imàgenes que está viendo, sino se las explican con pelos y señales.

Evidentemente, todo lo comentado no es razón para descuidar la parte verbal de una película. Es más, muchos guionistas recomiendan resumir el tema principal de la trama en algún diálogo especialmente brillante. ¿Quién puede olvidar la frase de V de Vendetta (2006): “Los pueblos no deberían temer a sus gobernantes sino que los gobernantes deberían temer a sus pueblos”. O ¿cómo no recordar el pedazo de discurso de Gary Cooper al final de The Fountainhead (1949)?

Unas pocas (de las muchas) metáforas visuales que F.W. Murnau utiliza en Nosferatu (1922) para mostrar la personalidad del vampiro protagonista.

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